EL CLAMOR DEL ALMA
- Primero Café Journal
- 13 mar
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Un sonido que resuena
Después de haber tomado mi café como todas las mañanas, escuche el clamor de esta alma vacía que resuena por todo mi interior. A lo largo de mi vida Dios me ha provisto de todo lo que necesito, pero aun así, mi alma tiene sed y ya no quiere seguir escondiéndome bajo mi mascara social de perfección, más bien, quiero encontrar ayuda divina a través de la honestidad.
Mi alma anhela al que es todo en todo, al indescriptible. Al Dios no conocido.
En la Biblia, algunos hombres al encontrarse con Dios vieron diferentes visiones. En otras palabras, tenían su visión personal de Dios.
Por ejemplo:
Moisés vio a Dios como un ser supremo revelado a través de una zarza que ardía son consumirse.
Isaías vio a Dios como el Rey del universo, todopoderoso sentado en un trono alto, aclamado por serafines que proclaman su santidad.
Ezequiel vio a Dios como un ser glorioso, representado en un carro triunfal montado sobre querubines, que mostraba el dominio divino y su presencia trascendente.
Ellos vieron sus propias visiones, y tuvieron sus propios encuentros personales con la divinidad. Sus niveles de temor y amor hacia Dios tenía que ver con la magnitud de sus encuentros divinos. Aunque todos describieron al mismo Dios, con los mismos atributos, fueron sus propias perspectivas del rostro de Dios que los llevo a vivir una vida consagrada, llena de experiencias divinas y que los llevo a tener convicción plena a la hora de ejecutar sus propósitos de vida.
Estoy segura de que Samuel había oido hablar del encuentro de Moisés con Dios a través de la zarza, pero el no baso su relación con Dios por la visión de Moisés, sino que su propio encuentro con Dios fue que lo impulso a realizar su propósito con convicción y amor. Todos los profetas y apóstoles fueron quienes fueron por su nivel de compromiso con Dios, por sus encuentros personales y relación con Dios.
Me niego a creer que todos esos encuentros gloriosos se hallan quedado en la historia. Nosotros ya sabemos que el velo esta abierto para que también podamos tener esa relación de fuego con Dios; y está, querido lector, es la razón por la que mi alma clama. Clama por la necesidad de un encuentro genuino y poderoso; por un encuentro que cambie el transcurso de su existencia. Clama por una vida sin miedo, más bien de plenitud y amor genuino por su Creador.
Clama por conocer al Dios no conocido.


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